
La madre de Bambi ha muerto, me dijo entre lágrimas.
Y yo comprendí que era idiota, por eso me gustaba.
Lamí su cuerpo desganado por la tristeza
hice cabriolas con mi tonta forma de ser,
me colgué de un seno, derrapé en un muslo depilado.
Y todo fue rubio y nuevo en aquella noche de gatos.
Hice el amor como un bestia y Walt, congelado, se estremeció en su nevera.
Luego creció y dejé de gustarle.
Ella cantaba en un grupo pop y yo era su gruppie.
Vendía chapas amarillas en un tenderete mugriento.
El ciervo murió de cáncer en un prado de Yellostown,
ella se dio a la comida y al sexo. Vomitaba versos de la Joplin en los garitos de la ciudad más fea del mundo.
Finalmente tiró el Kleneex. Se deshizo entre tortas y sartenes.
Yo vivo ahora en Chicago, salgo poco, bebo mucho.
Leo a Boukowski y nunca pregunto nada a una chica.
Y yo comprendí que era idiota, por eso me gustaba.
Lamí su cuerpo desganado por la tristeza
hice cabriolas con mi tonta forma de ser,
me colgué de un seno, derrapé en un muslo depilado.
Y todo fue rubio y nuevo en aquella noche de gatos.
Hice el amor como un bestia y Walt, congelado, se estremeció en su nevera.
Luego creció y dejé de gustarle.
Ella cantaba en un grupo pop y yo era su gruppie.
Vendía chapas amarillas en un tenderete mugriento.
El ciervo murió de cáncer en un prado de Yellostown,
ella se dio a la comida y al sexo. Vomitaba versos de la Joplin en los garitos de la ciudad más fea del mundo.
Finalmente tiró el Kleneex. Se deshizo entre tortas y sartenes.
Yo vivo ahora en Chicago, salgo poco, bebo mucho.
Leo a Boukowski y nunca pregunto nada a una chica.
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